Rakel G. Alonso

Mi relato de Instagram

Aquí el relato en el que elegís el final por donde sigo al día siguiente. Pincha la imagen o lee por abajo

EL RELATO

NUESTRO RELATO, EN EL QUE ELEGÍS FINAL

Se estaba haciendo tarde y no tenía muy claro que hacía allí a esas horas. ¡Bueno! Algo sí que tenía claro: Que estaba loca por ese hombre, Juan, y por eso aún estaba allí, en la barra del Siete tomándose un vino con él. Lo que no tenía nada claro es lo que iba a pasar después y su situación con Manel. Vivían juntos desde hace medio año pero eran pareja desde hace tres. Al principio todo fue genial. Él le gustaba y parecía que ella a él también, y disfrutaban juntos de eternas tardes en la playa, de quedada a las 9 para ir a tomar algo y hablar de sus aspiraciones de futuro, de copas interminables en el pub de la esquina… Pero algo había ocurrido. Quizás fuera la rutina de la que siempre le hablaba su abuela. La maldita rutina que quema océanos y frente a la que debías tener paciencia. Eterna paciencia… Y ella no era una mujer de demasiada paciencia.

Se había empezado a quemar después de oler sus zapatos en el zapatero. Eso era insufrible y no recordaba que le olieran así los pies esas noches de locura en el coche, cuando en los momentos más apasionados se sacaba los calcetines diciendo que no podía amarla con ellos puestos. Ahora todo era distinto. El tiempo se había encargado de comerse la pasión y el entusiasmo.

–¿En qué piensas? –reclamó su atención Juan.

–Uff… –sonrió ella– En mi vida.

–Interesante. ¿Y hay algo de yo deba saber de ella?

María sonrió.

–¿Tienes humor para escucharla?

–Tengo toda la noche para escucharla. La noche y muchos días si tú quieres.

Él le cogió una mano.

–Vámonos de aquí.

María miró su reloj y dudó durante unos instantes antes de:

FINAL 1- Negar con su cabeza. “No puedo. Aún estoy con Manel y tenemos un piso… ¡Una hipoteca a medias! Aunque quiera, no puedo hacerle esto.

FINAL 2- Sentir su corazón latiendo a mil por hora. “Vámonos. Pensé que no me lo dirías nunca. Después de todo, mañana será otro día…”

FINAL 2

Salieron del bar y comenzaron a caminar por el paseo marítimo que unía la playa con el pueblo. Empezaba a oscurecer y la brisa marítima hizo que María se estremeciera. Juan la rodeó con un brazo y la acercó a él.

–Vamos a mi casa. ¿Te apetece?

¡Sííí! pensó María, pero fue más discreta con su respuesta.

–¿Vives solo?

–No, pero supongo que mi mujer no estará.

María frenó en seco.

–¡Claro qué vivo solo! –exclamó Juan soltando una carcajada– Vamos, que está muy cerca de aquí.

María sonrió y prosiguió la marcha. Subieron por un callejón que los alejaba de la playa y desembocaba en una pequeña plaza, donde cuatro farolas iluminaban unos viejos bancos de madera.

–¿Pero no lo sabías? Pensé que algo conocías de mi vida, aunque solo sea por compartir trabajo –preguntó Juan después.

–Sí, bueno; sé que eres el número uno a la hora de cuadrar la caja cuando fallamos nosotros, pero no mucho más.

–Eso es porque tengo más experiencia que tú.

–Y más años también. Me llevas cinco, ¿no?

–Si tú tienes 38, sí –sonrió Juan

María asintió con su cabeza y continuó caminando a su lado. Atravesaron la plaza y llegaron a una calle estrecha, con hileras de casas blancas de dos alturas a ambos lados.

–Yo vivo en ésta –indicó Juan acercándose a la primera casa del margen derecho.

Abrió la puerta, entraron y pasaron al salón. Él se acercó a un mueble bar y María se sentó en un sillón, desde donde le echó un vistazo a la habitación. En la pared de enfrente había una estantería con algún libro y marcos de fotos y junto a ella, la estatua de una mujer que sorprendió a María por su color de piel y su vestimenta; parecía africana. Pero además, otra de las paredes estaba adornada con cuernos de elefante y la cabeza de un tigre. Y en ese momento sonó su móvil. Era Manel.

FINAL 1- María lo silenció y Juan se acercó a ella con dos copas de vino. Las colocó sobre una mesa, se sentó y la besó durante un minuto. María creyó morirse (también por la falta de aire)

FINAL 2- María aceptó la llamada y oyó a Manel pidiéndole que fuera a casa. Tenía reserva para cenar en el mejor restaurante del pueblo.

FINAL 1

Y en medio de la jugada sonó el móvil de Juan 😜 que lo sacó del bolsillo, lo miró y aceptó la llamada. Su conversación se limitó a decir: “Hola… Bien… ¿Ahora?… Imposible… Que no… Mañana te llamo” y colgó. Después se acercó de nuevo a María.

–¿Algo importante? –preguntó ella.

–No no. Un cliente que quería negociar un préstamo ahora.

–¿Un viernes a las 9 de la noche???

–Ya sabes como son los clientes –susurró él, antes de acercarse de nuevo a ella y besarla apasionadamente. María creyó que se derretía al sentir sus manos colándose por debajo de su jersey para desabrochar su sujetador y acariciar su… Y volvió a oírse “El venao”, la melodía del móvil de Juan.

–Buff… –resopló él, pero se separó de María y volvió a cogerlo– “Hola… No puedo… ¿Sí? Vale. En 10 minutos”.

Colgó, se ajustó el pantalón y secó su frente con un pañuelo.

–Tengo que irme. Era el interventor diciendo que el cliente lo llamó a él muy enfadado. O nos reunimos ahora o cierra las cuentas en el banco.

Cogió una copa de vino y se la bajó de un trago.

–¿Y qué cliente es? –preguntó tímidamente María que no salía de su asombro.

–Uno de los gordos pero no te lo puedo decir. Bebe el vino que tenemos que irnos.

María abrió mucho sus ojos y negó con su cabeza.

–¿Tengo tiempo para abrocharme el sujetador, o voy a juego con la estatua de esa mujer?

–¡Claro! –rio Juan– Abróchate y bebe.

María suspiró y se ajustó su ropa. Le dio un pequeño trago a la copa y se levantó para seguir a Juan, que ya salía por la puerta.

–Oye, ¿puedes volver tú sola a tu casa? Es que yo tengo que ir en esa dirección –le dijo señalando hacia la playa.

–Pues fíjate que hacia ahí también voy yo–respondió con un tono de voz que delataba su enfado–. Pero si tienes tanta prisa, empieza a correr que yo voy despacio.

FINAL 1– Vale. Mañana te busco –respondió Juan antes de darle un beso en la mejilla y echar a correr hacia el puerto. María se detuvo a mirarlo. ¿Era eso mejor que los pies de Manel?

FINAL 2– No te enfades conmigo que soy buena gente. Ya lo sabrás –dijo y empezó a correr.

 FINAL 2

Juan desapareció por una calle que unía la avenida con el puerto y María lo perdió de vista. Se arregló el pelo, se echó unas gotas del perfume que siempre llevaba en su bolso y empezó a caminar hacia su casa, pensando que ese día acabaría su relación con Manel. No tenía sentido seguir, si hace dos minutos estaba en brazos de otro y sin sujetador. ¡Bueno! Evitaría entrar en detalles pero hablaría con él. Cogió el móvil para activar el sonido y vio tres llamadas perdidas suyas, así que lo llamó. Después de 30 segundos de espera saltó el contestador. Repitió la llamada con el mismo resultado. Le extrañó un poco pero guardó el móvil y continuó caminando sin demasiada prisa. No le apetecía mucho ese momento, y menos pensar en el tema hipoteca del piso. ¡A ver que hacían! Caminó unos pasos más por la avenida y se detuvo delante de un semáforo en rojo para los peatones. En ese momento oyó un rugido inconfundible: El de un Ferrari impresionante que se acercaba por su izquierda y dentro de él, iba Juan acompañado por un hombre y una mujer. María se quedó inmóvil por unos instantes. ¿Pero qué hacía en ese coche? Quizás fuera el cliente del que le había hablado. Probablemente. Mañana le preguntaría. Caminó un rato más y llegó a su casa. Entró y llamó a Manel, pero no obtuvo respuesta. Encendió luces y se acercó a la cocina, y vio una nota colocada sobre la mesa. Era de Manel, y en ella le decía que se iba con otra mujer. Que se quedara con el piso, con la hipoteca y con el narco. María se sentó en una silla y movió su cabeza. Se rascó los ojos y volvió a leerla. Decía lo mismo y ella no entendía nada. ¿Qué narco? Decidió tomarse una copa de vino pensando en lo que había cambiado su vida de ayer a hoy. La tomó, se sirvió otra y finalmente arrancó de nuevo al Siete. A lo mejor había allí alguien con quien poder hablar. Entró en el bar, se sentó en la barra y:

FINAL 1- Vio a Juan en el fondo con un hombre y una mujer sentada en sus piernas.

FINAL 2- Vio en la tele a Juan. Aparecía como un posible narco.

FINAL 2

–¡Imposible! –exclamó.

–¿El qué? ¿Qué salgas conmigo a tomar algo después? –preguntó un camarero frente a ella.

María lo miró a los ojos y qué ojazos tenía. Grandes y negros como su pelo.

–¿Cómo?

El chico sonrió.

–Si tomarías algo conmigo después.

María levantó las cejas. Era lo que le faltaba hoy. Un tercer hombre en su vida.

–A ver… –respondió incapaz de dar un no por respuesta a ese chico– De momento ponme una clara, por favor.

Él se retiró y María se quedó pensando en su día. Lo que acababa de ver en la televisión era lo mismo que decía Manel en la nota.

–Tu clara –interrumpió el camarero sus pensamientos.

–No te he visto antes por aquí. ¿Eres nuevo?

–Estuve hace tiempo pero cambié de trabajo. Hoy me ha pedido mi padre que le eche una mano.

–¿Eres hijo de Miguel?

–Sí. Me llamo Manu. No te muevas de aquí por favor. Acabo pronto.

Manu se alejó y María decidió ojear el periódico, pero no encontró nada de Juan. Acabó leyendo “anuncios por palabras” en busca de alguien interesado en comprar su piso. Lo vendería. Un rato después se acercó Manu.

–Vámonos. Mi padre ya no me necesita aquí.

María dudó pero al final accedió a ir. ¡Total! Nadie la estaba esperando en ningún sitio.

Salieron del Siete y caminaron unos metros hasta que pasaron por delante de una pizzería.

–¿Una pizza? –propuso Manu.

–Por mí bien.

Entraron y se colocaron en la única mesa libre.

–Cuéntame algo de tu vida –dijo Manu después de pedir la cena.

–Pues hoy no ha sido el mejor día de ella.

–Cuéntame lo que te apetezca contarme. Nada más.

María dudó antes de empezar a hablar.

–Pues hoy me ha dejado mi novio por otra mujer, y me acabo de enterar de que un hombre que me interesaba es un narco ¿Qué te parece?

–Pues me parece como mínimo nada aburrida –sonrió Manu.

María negó con su cabeza.

–Es deprimente.

–Depende como lo enfoques. Te has librado de un malote y si estabas interesada en un narco, desinterésate y listo.

–Así visto… Puede tener solución mi vida.

–¡Claro que la tiene! Tú eres su dueña y decides a donde va.

Y en ese momento:

FINAL 1- Entró Juan en la pizzería.

FINAL 2- Se oyeron disparos en la calle.

FINAL 2

Manu miró hacia fuera, metió una mano en interior de su cazadora y sacó una pistola.

–¡Todos detrás de la barra! –gritó a los comensales– Tú también –ordenó a María– Soy policía– le guiñó un ojo y salió corriendo hacia la puerta empuñando la pistola.

Asomó su cabeza y desapareció por el lado derecho.

María con su corazón latiendo a mil por hora, corrió hacia detrás del mostrador y se agachó en el primer hueco que encontró libre.

–Hola –la saludó un hombre colocado detrás de ella.

María se giró y vio a un hombre chino.

–Hola –susurró.

–Yo dueño del bal. No te pleocupes que esto suele pasar una vez al mes.

–¿Sí? –respondió María con voz incrédula.

–Sí, desde que andan mucho pol la zona nalcotlaficantes, pero enseguida viene la polisía. Ya velás.

María asintió y desvió la mirada. Si no había entendido mal, la zona era frecuentada por narcos. Decidió coger su móvil y enseñarle una foto de Juan. A lo mejor lo conocía.

–Perdone, ¿le sueña este señor?

El señor cogió el móvil y después empezó a reírse contagiando a María.

–¿Le suena?

–Sí sí. Es el señol pingüino.

–¿Cómo que el señor pingüino? –preguntó María ahora muy seria.

–Pues un señol que viene a veces pol aquí a cobral money. Es de un banco.

María abrió mucho sus ojos. Juan trabaja en un banco pero era el interventor, no el cobrador del Frac. Guardó su móvil pensando que ese día no ganaba para sobresaltos. Instantes después se oyeron sirenas de coches de policía y más tarde, alguno del grupo allí recluido fue poniéndose en pie. María también se levantó y se acercó a la puerta.

Por las cristaleras veía el reflejo de las sirenas y se oía bastante jaleo, pero la puerta del bar estaba cerrada y no sería ella quien la abriera. Un rato después volvió Manu.

–Escúchenme todos –exclamó desde la puerta–. No ha pasado nada. Se trataba de un robo pero ya hemos detenido a los atracadores. Habrá bastante jaleo por aquí de policía esta noche. Deberían regresar a sus casas.

Después cogió a María por la mano, pagó la cena y salieron del restaurante.

FINAL 1- Era un arreglo de cuentas entre narcos con un fallecido.

FINAL 2- Un loco disparando al aire y gritando María.

FINAL 2 

–¿Qué? –gritó María después de oír eso.

–No te preocupes. No creo que fueras tú. Era un borracho con un arma y diciendo que ya no le olían los zapatos.

María detuvo el paso y agarró el brazo de Manu.

–¿Qué ocurre? –preguntó él.

–A lo mejor nada, pero una de las razones por las que discutía siempre con mi ex, es porque le olían los zapatos y los metía en el armario para ambientar mi ropa.

Manu estalló en una carcajada.

–Mujer, no creo que sea él. A ver: Tu ex tenía el pelo rizo y castaño claro?

María lo miró asustada asintiendo con su cabeza.

A Manu le volvió a dar la risa.

–Pues en estos momentos estará en el calabozo durmiendo la moña. ¿Quieres ir a verlo?

–¡No no! ¿Pero no te dije que se fue con otra mujer? Ni loca.

–Pues a lo mejor se arrepintió.

–¡Pero si me dijo que estaba esperando un hijo!

–Pues entonces no sé. Mira, ¿Y tenía una pistola en casa?

–Que yo sepa no. Nunca lo vi con pistola. Era lo que me faltaba. Salir con un pistolero.

–Yo llevo pistola y no soy un pistolero –sonrió Manu.

–Ya sabes que tu caso es distinto –susurró María con una pequeña sonrisa en sus labios.

Caminaron unos metros más en silencio y Manu se detuvo.

–Oye, ¿dónde vas a pasar la noche?

–En mi casa… ¿Por?

–Porque tu ex estará toda la noche en comisaría, pero si tiene algún compinche?

–¿Compinche en qué? –preguntó María con tono serio– ¿Limpiar zapatos?

Manu negó con su cabeza sonriendo.

–No sabías que tenía pistola, así que a lo mejor está metido en algo que no sabes.

–Lo que me faltaba hoy. Un narco y un terrorista en mi vida.

–Ja ja ja –rio Manu– Y un policía.

María sonrió.

–¿Tú crees que habrá algún problema?

–A lo mejor no o a lo mejor sí. Ve a otro sitio. ¿Tienes?

–No, pero cogeré un hotel.

–Ven a mi casa. Tengo habitación de invitados.

María se quedó pensativa. ¿El tercer hombre hoy? ¡Uff! Porque con lo bueno que estaba presentía que pasaría algo. ¿Y llevaba ropa interior chula?, pensó:

FINAL 1- ¡Sí! Sí no te molesto, vale.

FINAL 2- ¡No! Imposible. A mi madre le da un infarto si se entera.

FINAL 1

–Si pensara que me ibas a molestar no te invitaba. Vamos andando que está cerca de aquí.

Recorrieron tres calles, subieron una pequeña cuesta y llegaron a un edificio de cinco alturas.

–Yo vivo en la buhardilla de éste –indicó Manu mientras abría el portal–. Vamos.

–Me he dado cuenta de que no tengo pijama –comentó María en el ascensor.

–¿Duermes con pijama? Pensé que dormías desnuda.

María asintió y bajó la mirada.

–Es broma –rio Manu–. Yo te presto un pijama. No te preocupes.

Entraron en el piso y se encendieron las luces automáticamente.

–Dame la chaqueta que te la cuelgo.

Ella se la dio y después se puso a observar el lugar en el que acababa de entrar. Se trataba de un salón impresionante con la pared del fondo circular y acristalada, desde la que se veían las luces del pueblo. Una biblioteca cubría otra pared y en la opuesta, un único sillón frente a una chimenea. Una alfombra, que daba miedo pisar por lo limpia y brillante que estaba, cubría el suelo.

–Vamos a la cocina a picar algo. Pena de pizza que quedó allí –se lamentó Manu.

María aceptó y fue tras él. La cocina estaba al fondo y para llegar a ella pasaron por delante de dos habitaciones. Una más pequeña y otra de matrimonio. ¿De matrimonio??? se preguntó María al verla, pero no se atrevió a comentar nada. Al fin y al cabo, él no había hecho nada con ella salvo invitarla a cenar.

La cocina también era increíble. Toda de madera y dividida en dos estancias. En una estaban los fogones y en la otra, una mesa con un banco alrededor. Manu colocó un plato con queso y otros embutidos, y descorchó una botella de vino.

–¡Qué ático más bonito tienes! –exclamó María después de picar algo.

–¿Te gusta? Me alegro. Cuando estoy agobiado, coloco una silla frente a las cristaleras del salón y revivo.

María sonrió y bebió un poco más, y a la tercera copa se atrevió a hacer la pregunta del millón.

–¿Es tuyo?

–Sí. Lo recibí en herencia de mi abuelo.

A María se le iluminó la cara y volvió a beber.

–Y… ¿Vives tú sólo?

FINAL 1- Sí claro. Desde que me independicé vivo aquí.

FINAL 2- En estos momentos sí. Estoy separándome

FINAL 2

–¿Estás casado? –preguntó María hipando.

–Sí, pero por poco tiempo –respondió Manu divertido.

María guardó silencio unos instantes.

–¿Y quién es ella?

En que lugar se enamoró de ti… –canturreó Manu.

María bajó la cabeza.

–No quería molestarte.

–¡Y dale con las molestias! No me molestas. Estaba bromeando, pero tampoco es que me apetezca mucho hablar de ella ahora –respiró profundo–. Y no hay mucho que contar. Luisa se lio con un tío y punto.

María cogió su copa y la bajó de golpe.

–¡Eh! No te me vayas a emborrachar –dijo Manu sacándosela de las manos– Te he impresionado, ¿eh?

María asintió con su cabeza y sintió que se ponía roja.

–A ver entonces. Cuéntame de tu vida. ¿Qué haces?

–Pues trabajo en un banco, tengo 38 años, hasta ayer vivía con mi novio, que me hoy me ha dejado por carta y ha dejado embarazada a otra, y hoy me he liado con un narco. ¿A qué también impresiona?

–También también –rio Manu–. Bueno, y ¿qué tal estás después de todo eso?

María guardó silencio y buscó su copa.

–Si me pones otro vino te lo cuento.

–De acuerdo pero el último, eh? No te me vayas a caer.

Manu sirvió dos copas y le propuso un brindis:

–Brindo por una nueva vida a partir de mañana.

–Mejor a partir de esta noche –sonrió María y chocó su copa con la de él.

Manu bebió, dejó su copa sobre la mesa y agarró la cara de María.

–Que guapa eres –le dijo antes de besarla apasionadamente, y María se dejó llevar. Él empezó a desnudarla en la cocina y terminó de hacerlo en su habitación… María creyó morirse cuando lo tuvo encima de ella y decidió dejarse amar. No podía hacer otra cosa con el mareo que tenía…

“Nos vemos en el infierno”

–¿Qué es eso? –preguntó asustado Manu incorporándose de la cama.

“Un buen lugar para conocernos”

–Mi móvil –farfulló María aún medio dormida.

Manu saltó y lo buscó en sus pantalones.

–Es Manel –le dijo acercándoselo.

María gesticuló con la mano y se tapó la cabeza con la almohada. Minutos después entró un mensaje que leyó Manu en alto:

FINAL 1- Esa nota la escribió una mujer, Luisa, que está enamorada de mi. Vuelve.

FINAL 2- Tenemos algo pendiente. Vuelve o te busco.

FINAL 2

–¿Eh? –gruñó María debajo de la almohada.

–Que según tu ex, tienes algo pendiente con él.

María asomó su cabeza pero enseguida volvió a esconderla.

–¡Cuánta luz!

–¡Ja ja ja! –rio Manu– Porque son las 11 de la mañana.

–Necesito un café –imploró María con voz gutural.

–¡Marchando!

Manu salió de la habitación y regresó con una taza de café con leche.

–¿Pero cómo puedes tener resaca? –preguntó sonriendo– Tómalo anda, que te sentará bien.

María se incorporó y no soltó la taza hasta que la vació.

–A ver ese mensaje –susurró.

Cogió el móvil y lo leyó.

–¡Pero que dice este tío! Yo no tengo nada pendiente con él. ¡Bueno! La hipoteca, pero dijo bien claro que era toda mía!

Y volvió a tumbarse en la cama.

–Pues dice que vuelvas o te busca. Suena a amenaza y no me gusta nada. ¿Por qué no lo llamas? –propuso Manu.

–De acuerdo.

Cogió el móvil de nuevo y lo llamó.

–Hola Manel…. ¿Qué pasa?….. ¿Eh?…. Estás de broma…. Que te saque tu novia! ¿Cómo? … ¡Nunca me dejaste dinero!… ¡La pagaste tú porque te dio la gana! Abur!

Colgó y lanzó el móvil sobre la almohada.

–Pretende que lo vaya a sacar de comisaría. Le piden fianza.

–¿Fianza? Por una borrachera no te piden fianza.

–Pues algo más haría.

Y de nuevo sonó “Nos vemos en el infierno”. María cogió el móvil con cara de cabreo.

–¡No te pienso dar nada!…… Atrévete que te espero, y ¡deja de llamar o te denuncio! Colgó y estaba a punto de lanzarlo contra el suelo cuando Manu la frenó.

–Tranquila… ¿Qué ocurre?

–Pues que este tío me dice que le debo la mitad de la entrada que hizo él para el piso, y que si no se la pago viene a por mí. ¡Está fatal!

–¿La pagó él toda?

–Sí pero porque le dio la gana. Éramos pareja y él tenía el dinero.

–Entonces no puede pedirte nada.

–Ya lo sé. Este se metió algo en chirona.

Manu sonrió.

–Vístete y vamos a verlo.

María dudó pero finalmente saltó de la cama. Se duchó, se vistió y arrancaron para comisaría. Al llegar, Manu le preguntó por él a un colega:

FINAL 1- Ya se fue. Lo sacó de aquí una mujer.

FINAL 2- Sigue ahí diciendo que a veces ve muertos.

FINAL 2

Manu miró a María que escuchaba pasmada la conversación.

–¿Le gustaba especialmente la película “El sexto sentido”?

–¡Qué va! Sí al salir del cine dijo que él ya sabía el final desde el principio.

Manu levantó las cejas y negó con su cabeza.

–¿Quieres pasar a verlo?

María dudó un momento.

–¿Pero entrar a la celda? Mira que si me dice “Hipoteca. Mi caaasaaa…”

–No te preocupes que no entrarás –respondió Manu divertido.

Ella aceptó y caminó por un pequeño pasillo hasta que llegó a la celda. Manel estaba sentado en un banco y al verla se levantó.

–María! Mi tesoroooo…

–Hola Manel. Deja de decir cosas raras.

El bajó su cabeza que después levantó de nuevo con los ojos en blanco, y enseñó sus colmillos antes de decir con voz de ultratumba:

–Te amo demasiado para condenarte.

–¡Manel! –gritó María enfurecida– ¿Qué has fumado? ¡Deja de repetir frases de cine!

–No he fumado nada. Ya sabes que no fumo, pero he pasado la noche pensando en ti y en nuestra hipoteca…

María negó con su cabeza.

–A ver. ¿Y qué has hecho para que te pidan fianza?

–Yo nada. A lo mejor fue Griffin.

–¿Griffin? ¿Quién es ese?

–El hombre invisible.

–¡Deja de hacer el idiota o me largo y ahí te quedas!

–No hago el idiota. Es la verdad– sonrió Manel.

María cogió aire y salió de allí, mientras Manel le gritaba que volviera antes de cumplir los 50.

–¡No me lo puedo creer! –le gritó a Manu al llegar junto a él– No deja de repetir frases de películas.

–¿Pero antes no era así?

–¡Qué va! Bueno algo había cambiado últimamente pero no tanto.

–Pues sabrás que le piden fianza por pillarle con pastillas encima. Muchas pastillas.

–¿Pastillas? ¿Droga?

–Pues aspirinas no eran y estoy seguro de que llevaba alguna más escondida y se la tomó aquí.

María sintió que se mareaba y se sentó en una silla.

–¿Estás bien? –preguntó Manu.

–Sí sí, tranquilo. Es que me siento perdida. Mis últimos meses de vida han sido un engaño.

Y en ese momento entró una mujer por comisaría.

–¡Luisa! –exclamó Manu al reconocer a su ex– ¿Qué pasa?

FINAL 1– Contigo nada, tranquilo. Vengo a pagar la fianza de mi novio.

FINAL 2– Que te necesito en mi vida. Vuelve conmigo.

FINAL 1

Manu se giró y miró a María: Primero abrió mucho los ojos; después palideció y con una mano tapó su boca.

–¿Estás bien?

Ella negó con la cabeza.

–¡Vamos al baño! Te acompaño.

Manu la cogió y se la llevó hasta el lavabo, donde le mojó la cara con agua.

–¿Quieres vomitar?

–No gracias. Ya estoy mejor –contestó María un rato después–. Así que esa es la mujer que está embarazada de Manel.

–Y mi ex… –susurró Manu.

María corrió hacia el WC y él detrás de ella. Allí vomitó hasta que no salió nada de su estómago.

–Menuda coincidencia –comentó más tarde ya apoyada en el lavabo.

–Ya te digo. Vamos a ver como va la cosa.

Salieron y se acercaron al agente del mostrador.

–Entonces ya estuvo aquí el juez de oficio. ¿Y cuánto le puso? –le preguntó Manu.

–Poca cosa. 500 euros.

–Pues no creo yo que Luisa tenga 500 € ni en el banco.

–¿A quién tengo qué darle esto? –gritó Luisa desde la puerta con un billete de 500 € en su mano.

–¡De dónde lo has sacado! –exclamó Manu.

–Lo robé –rio ella– ¡A ti no te importa! Toma.

Manu cogió el billete y empezó a darle vueltas y mirarlo al trasluz. Luisa le pasó un dedo por la barbilla.

–Tranquilo que es auténtico

–No me fio –contestó Manu separando su cara– Cubre papeles y suéltalo –ordenó al agente.

Minutos después, se juntaron los cuatro en la entrada de comisaría. 😲

–¿Me puedo ir ya, Mrs. Jones? –le preguntó Manel al agente.

–Ten cuidado que puedes volver a entrar por desacato a la autoridad –apostilló Manu.

Manel lo escrutó en silencio.

–¿Y eso qué es? –preguntó después.

–Tocarme las narices. ¡Vete y a ver si no vuelves!

Luisa miró hacia él y negó con su cabeza; después cogió a Manel de la mano y salieron de comisaría.

–Pues menuda historia –le dijo Manu a María acariciando su cabeza–. Si me lo cuentan la semana pasada no me lo creo. En fin. Aquí ya hemos acabado. Vámonos a mi casa o a la tuya.

–Prefiero ir a la mía y cambiarme de ropa.

Él asintió y salieron hacia su casa. Y al llegar:

FINAL 1- Se encontraron con Luisa friendo calamares.

FINAL 2- Encontraron un montón de hippies fumando lo infumable.

FINAL 2

María se quedó muda buscando a alguien conocido y Manu acercó su mano a la pistola.

–¡Hombre! –gritó Manel que entraba en la sala con una bandeja de calamares– Llegáis a tiempo para cenar.

María movió su cabeza y se frotó los ojos. Le ardían por el humo que había allí y por lo que veía.

–¿Me dejas a mí? –preguntó Manu.

–Sí. Yo voy al baño.

Manu asintió con su cabeza y se dirigió a los demás.

–¡A ver por favor! ¡Escúchenme! Esto es una propiedad privada y su dueña no les ha invitado a estar en ella

–Chu chu –lo interrumpió Manel– ¿Su dueña? Yo también soy dueño y los invité.

–Si no entendí mal dejaste a María a cargo de la hipoteca y el piso, así que

–Chu chu –volvió a cortarlo Manel– ¿Eso está en algún papel?

Manu respiró profundamente. Sabía que todo fue hablado y no estaba escrito, así que decidió ir por otro lado.

–Bien, entonces nos vamos a comisaría con esas plantas que decoran el salón –dijo señalando a dos plantas de marihuana que adornaban una esquina.

–Chu chu –Manel levantó una mano– Que es para consumo propio y no está prohibido. Deberías de saberlo.

Después miró hacia los demás y empezaron a reírse.

Manu puso cara de cabreo y se retiró un poco para llamar a comisaría pidiendo refuerzos para llevárselos a todos.

–¿Qué pasa tron? ¿Un tiro? –le preguntó uno con rastas y vestido al estilo de Bob Marley ofreciéndole un cigarro.

A Manu le llegó olor a marihuana y le dio la risa.

–No tienes ni idea de quien soy, verdad?

–Ni tú tienes idea de quien soy yo–respondió con una carcajada– Pero me presento. Soy Lucas –y le ofreció la mano. En ella tenía tatuada la palabra LEGALEGA.

Manu ladeó su cabeza, rio de nuevo y se la chocó.

–Pero como te llamas: Lucas o Legalega.

–Lucas, pero eso lo llevo para enseñárselo a la pasma cuando me detienen –aclaró riendo –Deberías de tatuártelo también. ¡Impone!

Y en ese momento se oyó a María gritar. Manu corrió hacia el baño.

–¡María! ¿Qué pasa?

–¡Mira que encontré al abrir las cortinas! –exclamó señalando hacia la bañera.

FINAL 1- Estaba una mujer desnuda con los ojos cerrados.

FINAL 2- Había unas 15 plantas de maría.

FINAL 1

Manu se acercó a ella corriendo y le tomó el pulso. Después cogió una toalla y la tapó.

–Ésta lo que está es hasta las cejas de algo.

Al momento llegó Manel.

–¿Qué pasa aquí?

–Buena pregunta –dijo Manu señalando a la mujer– Dímelo tú. ¿Qué se ha metido?

Manel se acercó a ella y la estuvo observando unos instantes.

–Somníferos seguro, y pensó que la bañera era una cama y la toalla una manta.

–La tapé yo porque está desnuda.

Manel abrió mucho sus ojos y se sentó sobre el WC; cruzó sus piernas, sujetó con una mano su barbilla y se puso a observarla.

–¿Qué haces? –preguntó Manu 5 minutos después.

–Analizar la situación.

Manu miró a María que levantó sus hombros, sus cejas y negó con la cabeza.

–¿Y qué analizas?

–Todo. Solo analizando puedes entender.

–Ah… –asintió Manu dándose palmaditas en la cabeza– ¿Y qué quieres entender?

–Que hace aquí esta mujer.

–Porque tú no sabes nada.

–Solo sé que no sé nada.

–Uff como estamos… –canturreó Manu y puso una mano en el hombro de Manel–Sal con nosotros anda, que estarán a punto de llegar mis colegas y nos damos una vuelta por el hospital.

–Chu chu –contestó él– Escucha y serás más sabio. El comienzo de la sabiduría es el silencio.

Manu miró a María.

–Este tío nos ha salido filósofo. Primero Socrates y ahora Pitágoras.

Y de repente empezó a entrar gente en el baño.

–Ándale! Qué pasa aquí –preguntó Lucas simulando acento mexicano– ¿Una súper fumada?

Enseguida se juntaron allí unas 15 personas y uno de ellos empujó a María que cayó encima de Manel. Él la abrazó y empezó a chuparle una oreja.

–¡Quieto! –gritó Manu cogiéndola por un brazo y levantándola– ¡Todos fuera de aquí!

Nadie le hizo caso y Lucas echó el humo de una calada en su cara.

Manu cogió su pistola, miró a María y después apuntó al grupo.

–¡He dicho que todos fuera!

Manel se puso en pie.

–Chu chu. Es mi casa y ordeno yo ¡Ni caso! –le gritó a la gente.

Manu respiró profundamente, cargó la pistola y:

FINAL 1- Gritó otra vez “Fuera de aquí” y disparó al grupo.

FINAL 2- Apuntó a Manel: Diles que fuera o sales de aquí con los pies por delante.

FINAL 2

–¡Manu! –gritó María.

Con un gesto de su mano, le pidió calma.

–¿No me oíste? –le preguntó a Manel.

–Chuchuchuchu –respondió a cien por hora– No me impresionas. Si no pasa nada. Somos todos familia. Una gran familia que se ayuda en las situaciones difíciles. A ver hombre. Cúal es el problema? Queréis vivir aquí? Pues no pasa nada. Vivimos todos juntos y alguna vez intercambiamos pareja. Si ya nos conocemos en la intimidad –y empezó a reírse como un loco.

–¿Qué dices Manel? ¿Por qué hablas así? –preguntó María asustada desde la silla.

–Porque está metido de coca hasta las orejas –contestó Manu sin dejar de mirarlo– Fíjate en sus pupilas. Se le salen de los ojos.

–¿Se me salen de los ojos? –gritó Manel llevándose las manos a ellos.

–Vete a mirarte al espejo de la entrada.

Manel se dio la vuelta e intentó salir del baño, pero no fue capaz de pasar entre la gente.

–¡Todos fuera de aquí coño! ¡Quiero salir! –gritó empujando al que tenía delante.

Sus colegas se miraron y salieron atropelladamente de allí.

–Bueno, parece que ya podemos irnos. Venga –invitó Manu a María.

–¿Pero qué le pasa a Manel? ¿Por qué primero se enfada y después dice esas cosas y habla de esa manera?

–Porque se ha metido hasta las cejas y supongo que ahora le dio el subidón. Pero me extraña mucho que sea su primer esnife. No le notaste nada raro antes?

–Pues creo que no… –respondió María pensativa.

–Bueno da igual. Vamos a la sala. A ver si llegan refuerzos y nos vamos.

–Y la dejamos ahí? –dijo señalando a la mujer de la bañera.

Manu se acercó a ella y le tomó el pulso en el cuello. En ese momento, la mujer se incorporó y lo agarró por un brazo.

–Ayúdame. Quieren matarme –dijo con voz desgarradora.

El corazón de Manu empezó a latir rápidamente al descubrir que la mujer tenía los ojos completamente blancos, y por encima de sus labios enseñaba unos colmillos prominentes. Intentó soltarse pero no fue capaz, y su brazo empezaba a sangrar.

–Te ayudo, pero puedes soltarme?

–No.

Manu cogió aire.

–¡Suéltame!

FINAL 1- La mujer se acercó a su brazo y empezó a chuparle la sangre.

FINAL 2- La mujer acercó la boca a su cuello

FINAL 2

Manu se echó hacia atrás y la empujó, y ella volvió a su posición inicial en la bañera.

–¡Pero tú estás loca! –le gritó mirando hacia su brazo arañado.

–¿Y si es una draculina? –preguntó María escondida detrás de él.

–María, por favor. ¡Esos dráculas no existen! También debe de estar hasta las cejas de algo y sabe poner los ojos en blanco. Que nos conteste en comisaría. ¡Arriba! –le gritó.

La mujer sonrió y enseñó otra vez sus colmillos. Manu resopló y le metió la mano en la boca, y después de un forcejeo, sacó de allí una dentadura postiza.

–¡Qué es eso! –gritó María.

–Pues su dentadura. ¿No sabías que a los drogadictos se les caen los dientes? Y ésta debió de comprarla en un Todo a Cien.

Después de observarla durante un rato la tiró al lavabo.

–A ver gua… ¡Mujer! Sal de ahí y hablamos sobre quién te quiere matar.

–Fi me pafaf lof dientef… –rogó ella.

–Primero levántate con la toalla puesta.

Ella accedió y se levantó. Estaba muy delgada y blanca. Manu le pasó la dentadura y la ayudó a salir de la bañera, y María le acercó un taburete.

–Lo primero: Como te llamas?

–Manuela.

–Por Dios! Últimamente solo entran Manolos en mi vida –exclamó María.

–¿Y no te gustan? –preguntó Manuela con voz amenazante.

Manu retiró hacia atrás a María indicándole que guardara silencio.

–A ver entonces: Quien te quiere matar?

–Los de fuera. Un tema de negocios.

–¿Pero quién de fuera? ¡Hay muchos!

–¡Todos!

Manu sonrió y cogió aire.

–A ver. Lo primero: Qué haces aquí? Porque el dueño de las llaves del piso no te conoce.

–Y ese quién es?

–Manel.

–Pues él fue el que me invitó a venir.

Manu se giró y miró a María, que se colocó la cabeza entre sus manos.

–Bueno, entonces voy a llamarlo y a ver que dice. Vale?

Manuela asintió con su cabeza y Manu llamó a Manel desde la puerta. Enseguida entró por el baño.

–Manel, esta señora dice que la invitaste a venir tú.

–¿Yooo? Nunca.

Manuela volvió a poner sus ojos en blanco y a enseñar sus colmillos.

–¡Saca esos dientes! –le ordenó Manu.

FINAL 1- Manuela los sacó y asomaron unos colmillos más grandes en su boca.

FINAL 2- Puso los ojos en blanco y empezó a levitar.

FINAL 1

Manu se quedó hipnotizado mirándola y solo reaccionó cuando Manel empezó a reírse y a señalarla.

–¡Menuda piñata!

A la mujer también le dio la risa y se le cayeron los dientes.

–¡Pero de dónde coño los has sacado! –gritó Manu– ¿Y cómo te caben tantos dientes en la boca?.

–Zon míoz –siguió riendo la mujer.

–¿Tú le has visto poner otros? –le preguntó a María.

–Quiero irme de aquí, por favor –respondió negando con su cabeza.

Y justo en ese momento sonó el timbre.

–Los refuerzos –comentó Manu– Voy a abrir.

Salió del baño y María se quedó inmóvil sin levantar cabeza.

–María –la llamó Manel– ¿No quieres volver conmigo?

–No Manel. No quiero volver contigo.

–¿Y si te prometo que cambio?

–Da igual. Ya no estoy enamorada de ti.

–Pero si cambio a lo mejor te reenamoras.

–No Manel. Déjalo ya.

–Pues yo sí que quiero –comentó Manuela con voz clara.

María la miró y Manel se acercó a ella.

–¿Pero tú quién eres y cómo has entrado aquí?

–Contigo hace un rato.

Él la miró de arriba abajo.

–¿Y venías en pelotas?

–¡No! –gritó ella– Me desnudé para esperarte.

Él abrió los ojos y después miró a María.

–Es mentira, eh? Yo a esta tía no la conozco de nada. ¡No la vi en mi vida! –exclamó negando con la mano y la cabeza.

–Me da igual, Manel… –contestó María arrastrando sus palabras por la boca.

Manuela saltó del taburete.

–¿Ah no? Y este anillo quien me lo regaló? –preguntó enseñando su dedo con una alianza de plata.

–¡Ese anillo es mío! –exclamó María al verlo.

–¡Lo robó! –la acusó Manel.

–¿Qué lo robé? ¿Me estás llamando ladrona?

–¡Salid del baño! –gritó Manu– ¡Nos vamos!

María escapó de allí corriendo y Manel detrás de ella. En la sala había mucho jaleo. Un grupo de policías estaban colocándolos a todos en fila para salir de la casa, pero alguno alegaba que él no había hecho nada y que no se movía de allí. Esposarlo fue la única solución.

–Nos vamos –dijo Manu más tarde– Pero no veo a Manuela. Voy al baño.

Enseguida regresó.

–¡Allí no está! ¡Venga! Buscar a una mujer en todas las habitaciones! –ordenó a su equipo.

Un rato después:

FINAL 1- No estaba en ningún lado.

FINAL 2- Sonó el timbre. Era ella.

FINAL 1

–¿Cómo qué no está? –preguntó Manu al equipo

–¡No está! –respondió uno de ellos– Ni debajo de las camas, ni en los armarios… En ningún sitio.

–Pues entonces se habrá volatizado.

Lucas asomó su cabeza por en medio de una fila:

–Perdón, ¿pero a quién buscáis?

–A una mujer delgada, blanca, que dice que se llama Manuela.

–Yo sé donde está –afirmó tajante.

Manu se acercó a él.

–¿Sí? Donde.

–Ahí –respondió señalando una pared.

Todos miraron hacia ella.

–¿En la pared? –preguntó Manu.

–En la pared exacta no. Ahí –y apuntó hacia un cuadro.

El silencio invadió la sala y Manu se acercó a la pintura. Era el retrato de una mujer bastante parecida a Manuela que conducía una furgoneta cargada de repollos. Acercó aún más la vista al cuadro. En su mano lucía un anillo parecido al que antes había enseñado. Después se dio la vuelta:

–Acércate Lucas.

–Sí claro.

–A ver entonces. ¿Dónde está exactamente? ¿Es la mujer que conduce o es un repollo de una caja?

Las risas inundaron el ambiente y Lucas también se rio, pero después se puso serio:

–Es evidente, no? Es ella –y señaló a la conductora.

Manu la miró de nuevo y le puso un dedo en la cara.

–Pues fíjate que ni se inmuta! Sin embargo… –le apretó con un dedo en la nariz a Lucas.

–¡Ay! –protestó

–Tú sí que te inmutas porque tú eres de carne y hueso y esto es una pintura!

Y de nuevo muchas carcajadas en la sala.

–Ya, sí es que no sé como lo hace pero yo la he visto salir y entrar de ahí.

Manu movió su cabeza.

–Perfecto. Puedes volver a tu sitio.

Lucas se retiró y Manu ordenó al equipo que se llevaran a todos a comisaría y a dos agentes que se quedaran allí. Manel protestó pero acabó aceptando.

–María, vamos a investigar por donde salió esa mujer pero acabamos rápido. A ver –dijo a los agentes– Hay que buscar una puerta que comunique con el exterior. Empezaremos por el baño.

Se retiraron y María cogió una revista, y un rato después oyó a alguien llamarla. Era una voz sepulcral y María saltó del sillón para buscar su procedencia.

FINAL 1- La voz venía de un puf rojo de una esquina.

FINAL 2- La voz venía del cuadro.

FINAL 2

–¿Sí? –susurró María asustada.

Acércateeee... –volvió a decir alguien.

A María le empezó a latir el corazón a 1.000 hora y sintió un sudor frío en su frente. Cogió aire y murmuró:

–¿Pero dónde estás?

Aquííí

La voz procedía del cuadro. María respiró profundamente y se acercó a él, pero nada le llamó la atención. Se animó a preguntar de nuevo.

–No te veo. Dónde?

Delanteee tuya….

A María se le erizó la piel al oír esa voz y saltó hacia atrás, y alguien la agarró por la espalda.

–¿Qué pasa María?

Era Manu.

–¡Manu! –exclamó llorosa– Una voz sepulcral me está hablando y me dice que está ahí. En el cuadro.

Manú la abrazó y frunció el ceño.

–Tranquila. No pasa nada. Yo estoy aquí.

Un minuto después la mandó al sillón y él descolgó el cuadro. Estuvo analizándolo por delante y por detrás 😜 pero nada le llamo la atención. Lo dejó sobre la mesa y revisó el hueco donde estaba colgado. Un agujero sucio en medio de una pared también bastante sucia. Así a ojo no había nada raro, pero decidió pasar la mano por en medio de los algodones de polvo y montones de telarañas. Y por fin tocó algo detrás de una madriguera de pequeñas arañas. Tiró y sacó de allí un cable.

–Mira lo que hay aquí –comentó.

–¿Qué hay? –preguntó María un poco más animada.

–Un cable. El que te hablara lo hacía desde de sistemas más modernos y no desde la ultratumba.

Ella se acercó a él.

–¿Pero quién era?

–No lo sé. Lo investigaremos. Tranquila.

María agarró su mano y acercó su cara a su pecho.

–Manu, no me quiero quedar aquí hasta que se resuelva todo esto.

–No te preocupes. Iremos a un hotel y se quedaran aquí dos compañeros haciendo guardia.

–¿Sabéis algo de Manuela?

–De momento no, pero estoy seguro de que en este piso hay una puerta secreta por algún lado.

–¿Y lo que dijo Lucas de que veía salir a la mujer del cuadro?

–Aún no le habían pasado los efectos de la coca –rio Manu– ¿Cómo va a salir una mujer de un cuadro? Tranquila. Lo paranormal no existe.

En ese momento se fue la luz y se empezaron a oír lamentos.

FINAL 1- Vais a morir

FINAL 2- Ayúdame. Van a por mí

FINAL 1

María creyó morir y agarró con fuerza el brazo de Manu.

–Tranquila María que los fantasmas ni existen ni hablan. Esto es cosa de algún gracioso que nos quiere tocar las narices –dijo al tiempo que la agarraba de la mano y empezaba a buscar por la sala el cuadro de fusibles.

Cuando lo localizó lo abrió y vio un mando abajo.

–Esto es lo que ha pasado. Saltaron los fusibles.

Lo levantó y la luz volvió.

–¿Pero y la voz? De dónde venía? –preguntó ella sin dejar de temblar.

–También tiene que haber una explicación. Ahora mismo voy a pedir refuerzos; analizaremos el piso palmo a palmo y no nos iremos de aquí hasta saber quien es el listo o la lista que nos la quiere clavar.

Llamó a comisaría y después se acercó al baño con María detrás de él. No estaba dispuesta a estar sola en ese piso. Es más. Ya no lo quería para nada. Se acercaría a una inmobiliaria por la semana para ponerlo a la venta.

–¿Alguna puerta por aquí? –preguntó a los agentes.

–Íbamos a avisarle ahora. Puerta puerta no, pero mire que hemos encontrado.

El agente cogió la ducha y tiró de ella, y los azulejos de la pared bajaron como un trozo de tela dejando al descubierto una pared de ladrillos.

Manu se acercó a ella.

–Y aquí qué hay? Han investigado?

–Íbamos a hacerlo ahora.

Los agentes se metieron en la bañera y empezaron a tocar los ladrillos mientras Manu los observaba.

–Este ladrillo se mueve –exclamó uno de los agentes.

–Tire de él! –ordenó Manu.

El agente tiró del ladrillo y dejó visible un hueco.

–¡Saquemos los de al lado! –exclamó Manu.

Y los tres empezaron a sacar ladrillos hasta que dejaron al descubierto un hueco por el que entraba una persona.

–Habrá que entrar –dijo Manu agachándose un podo y pasando por el agujero.

Todos lo siguieron y llegaron hasta un pequeño trastero.

–¿Pero qué es esto? –exclamó María.

–Un tratero lleno de cajas y oculto de los visitantes –respondió Manu– Y estoy seguro de que comunica con el piso. Investiguemos.

Media hora después localizaron una libreta en una caja con solo una hoja escrita en ella que ponía: Manu vas a morir.

FINAL 1- Al despuntar el alba.

FINAL 2- Cuando descubras que María tiene compañía.

FINAL 2

–¿Pero qué es esto? –dijo Manu moviendo la libreta –¿Tienes compañía?

María desencajó su cara.

–¿Qué? ¿Qué si tengo qué?

–Compañía. Eso dice aquí.

Manu le enseñó la hoja donde con letra clara, aparecía escrito que María tenía compañía.

María se señaló.

–¿Yo?

–Pues eres la única persona en este piso que se llama así.

–Manu por Dios. Esto me sobrepasa. ¿Cómo qué tengo compañía? Como no sea el espíritu que anda por ahí…

–Aquí no hay espíritus ni creo que tú tengas compañía, tranquila. Alguien te la quiere jugar. ¿Pero quién?

–Pues como no sea alguna que quiere algo contigo… ¿Que tal Manuela?

–¿Pero tú crees que esa mujer es capaz de montar algo sí? Lo dudo mucho. A lo mejor tu ex, Manel.

María abrió mucho sus ojos.

–¿Manel? Ya lo has conocido. Dudo mucho que él esté detrás de esto.

–Bueno, no importa ahora. Sigamos buscando a ver si hay algo más.

Se levantó y se unió a los agentes. Una hora después dieron por finalizada la búsqueda. Allí no había nada de interés.

–Sigan buscando por el piso puertas ocultas –ordenó Manu a sus compañeros– que nosotros nos vamos a mi piso. Cualquier cosa me llaman.

Manu y María se disponían a salir cuando de nuevo se fue la luz y empezaron a oírse voces sepulcrales: “No lo hagas” “Vuelve a tu vida anteriorrrr” .

–¡A ver! –gritó Manu al tiempo que sacaba su pistola– ¿Qué coño quieres? ¡Da la cara!

La luz volvió y las voces cesaron.

–Ayayay, ¡Qué me voy a cagar en todo! –juró Manu mientras cogía su móvil y hacía una llamada– ¡Vengan todos los disponibles por ahí! ¡Tenemos que desmontar un piso!

Guardó el tlfno. y miró a María.

–Esta noche va a ser larga. ¿Te acompaño a mi piso?

–Nooo! –gritó ella– Me quedo contigo.

–Vale, pero túmbate en el sillón con una manta que así estaré más tranquilo.

María obedeció y enseguida llegó mucha policía al piso.

–Hay que analizar cada centímetro del piso. Alguien nos está hablando y dejando notas y quiero saber quien es –ordenó Manu al grupo.

Se distribuyeron por habitaciones y un cuarto de hora después, empezó a sonar música de Mecano en la casa:

FINAL 1- Cruz de Navajas

FINAL 2- Barco a Venus

FINAL 1

“A las 5 se cierra la barra del 33”

A María se le puso la piel de gallina.

–¿Qué? –gritó cuando sonaba que “Mario no sale hasta las 6”.

La música subió de volumen.

“Y si encima le toca hacer caja”

–¡Manu! –gritó, pero tapó su voz la palabra “Despídete”.

María se levantó de golpe.

“Casi siempre se le hace de día”

–¿Qué quieres? –gritó cuando sonaba “mientras María ya se ha puesto en pie”.

Ella se miró. Acababa de hacer eso.

“Y le espera medio desnuda”.

Corrió hacia la cocina esquivando muebles pero tropezó con un baúl y cayó al suelo.

“Mario llega cansado y saluda sin mucho afán”

–¡Manu! –volvió a gritar.

Y en ese momento, cesó la música y se abrió la puerta de casa.

Era Mario 😉. Era Manel.

–¡Manel! –gritó María al verlo.

–Que pasa, mujer. No hace falta que te arrodilles al verme.

Pero María no reaccionó y Manel se acercó.

–¿Estás bien?

–No. Sonaba música –dijo, y empezó a llorar.

–¿Pero qué haces aquí? –gritó Manu que entraba en la sala.

–Consolar a mi ex que llora por mí.

Manu lo echó hacia atrás de un empujón. Después se agachó.

–¿Qué pasa María? ¿Te ha hecho algo este tipo?

–No. Acaba de llegar.

Él lo miró.

–Pero tú tenías que estar en comisaría.

–Pues me han soltado. No hay nada para mantenerme allí.

–Cómo que no! Y todas esas plantas de marihuana?

–Lucas ha dicho que son de él.

Manel rio y Manu cogió aire.

–¿Y qué haces aquí?

–Vine a buscar a Luisa y me encontré a María llorando.

Manu se agachó.

–María, ¿Llorabas?

Ella lo abrazó.

–Estaba sonando una canción de Mecano. ¿Tú no la oías?

Manu la miró asombrado.

–¿Pero dónde sonaba?

–¡Aquí! En la sala. Y la letra coincidía con lo que iba pasando.

Manu miró a Manel.

–Chu chu chu –se defendió– Yo no sé nada.

–¿Y por qué pasan cosas raras cuando tú estás cerca?

–No tengo ni idea! Oye, ¿has visto a Luisa?

–Yo no. Y tú?

–Tampoco y me preocupa.

–A mi no. Es fácil que esté cerca.

–¡Manu! –gritó alguien.

Él se levantó y María lo siguió.

–¿Qué pasa? –dijo al llegar al baño.

–Mira.

El agente tocó un botón y la bañera se movió, dejando al descubierto.

FINAL 1- Una momia.

FINAL 2- Un túnel.

FINAL 2

–Hombre! Fíjate lo que tenemos por aquí –exclamó Manu.

María lanzó un grito ahogado y se quedó inmóvil observando la escena. La bañera se había levantado unos centímetros dejando al descubierto un pasadizo negro.

–Tranquila –le dijo Manu pasándole un brazo por encima– No pasa nada. Y cuando dices qué comprasteis el piso?

–Hace medio año –contestó ella con voz temblorosa.

–Bien. Y a quien se lo comprasteis?

–No sé muy bien quien era. Un señor al que localizamos por un anuncio que vimos en un bar.

–Bueno, pero tendréis los papeles de la compra.

–Sí… Pero Manel fue el que negoció.

–Bien. Voy a por él.

Manu salió y volvió enseguida.

–No está pero da igual. Ya aparecerá. Vamos a indagar el túnel.

Cogió su pistola, una linterna y ordenó a dos agentes que entraran con él. Después agarró a María.

–Ven conmigo.

Se agacharon y saltaron al túnel. Estaba oscuro y olía a humedad, aunque el suelo era firme. Parecía de cemento. Manu enfocó su linterna y empezaron a caminar. A los 100 metros curva hacia la izquierda. Unos pasos más y curva a la derecha.

–Parece que sigue el recorrido el piso –apuntó Manu– Ahora entraremos en el subsuelo del salón.

Un paso más y entraron en una habitación que los dejó atónitos. Las paredes estaban revestidas de madera a juego con el piso e incluso tenían adornos. Una mesa de comedor y cuatro sillas completaban el mobiliario.

–Pero que es esto –susurró María.

Manu negó con su cabeza.

–El escondite de alguien. Supongo que algún día este piso fue un dúplex que no cayó en muy buenas manos. Y por algún sitio tiene que haber un interruptor de luz…

Fue apuntando con la linterna las paredes y dio con él. Lo levantó y la habitación se iluminó.

–Joer… –comentó uno de los agentes, al ver como se encendían un montón de luces led distribuidas por el techo y las paredes

–Esto es increíble. A ver que hay ahí –dijo Manu indicando un hueco hecho en la pared del fondo.

El grupo se movió y llegaron a una habitación. Manu encendió la luz:

–Esto es un hotel de 4🌟 –exclamó al ver el mobiliario.

Después se acercó al armario y al abrirlo:

FINAL 1- Estaba Luisa dentro.

FINAL 2- Había un pasillo.

FINAL 2

–¡Un pasillo! María, ¿qué hay aquí encima en tu piso?

–No sé. Estoy perdida con las medidas pero supongo que sigue el salón o el recibidor. ¿no?

–Sí, tal vez este salón sea más pequeño que el tuyo. Bueno, vamos a ver.

Todo el grupo entró en el armario y llegaron a una habitación bastante pequeña, cuyo mobiliario era un camastro con una manta enrollada encima, una silla y un armario.

–¿Pero qué es esto? –preguntó María pálida

Manu movió su cabeza.

–Pues sí que tiene misterios tu piso.

–Y es grande, eh? –comentó uno de los agentes gesticulando con su cara.

–Vamos a ver que se esconde por aquí. Levantemos la cama –ordenó Manu.

Entre todos movieron la cama pero allí no había nada.

–A por el armario.

Se acercaron a él y un agente lo abrió. Manu enfocó su linterna. Había perchas y de una colgaban una falda y una camisa.

–¿Conoces esto? –le preguntó a María después de sacarla.

Ella negó con su cabeza. Manu volvió a enfocar al interior y descubrió unos peldaños en una de las paredes.

–¡Pero mira que hay aquí!

Todos asomaron sus cabezas.

–¡Esto parece una pirámide de Giza! –exclamó de nuevo el agente.

–¿Por qué? –preguntó María.

–Por la de pasadizos secretos que hay… –contestó abriendo mucho sus ojos.

–Sube anda –le ordenó Manu.

El agente se agachó un poco, entró en el armario y empezó a subir.

–Aquí no hay nada –exclamó al alcanzar el último escalón.

–Tiene que haber algo –contestó Manu– Toca las paredes y a ver si alguna se mueve.

–Aquí hay un pestillo… ¡Anda! –gritó después de mover la pared– Estoy viendo el salón del piso.

Manu levantó sus cejas, entró en el armario y subió las escaleras.

–Baja al salón. Venid –ordenó a los demás.

Todos subieron las escaleras y llegaron al salón.

–Si al final Lucas iba a tener razón –sonrió Manu– Hemos entrado a través de la pared del cuadro de los repollos de Manuela.

María negó con su cabeza.

–¿Pero cómo pude estar viviendo aquí con todo eso?

–Porque no sabías nada.

–Y fue Manuela la que inventó todo?

–No creo…

Y en ese momento sonó el teléfono del piso. María lo cogió y una mujer le dijo.

FINAL 1- Vende el piso.

FINAL 2- Baja y hablamos.

FINAL 2

Y después colgó. Todos miraron a María y Manu se acercó a ella.

–Era una mujer –susurró– Me dice que baje para hablar.

–¿Solo eso?

Ella afirmó con su cabeza.

–¿Y no has conocido su voz?

–No, pero tampoco tuve tiempo. Colgó enseguida.

–Vale, pues bajemos a ver quien es y que quiere.

–¿Todos? –preguntó María.

–No mujer. Tú, yo y un par de agentes que nos cubran –contestó Manu llevando una mano a su pistola.

En 2 minutos se pusieron en marcha. Ellos iban delante y en la retaguardia un par de agentes.

–En el portal no hay nadie –comentó Manu– Salgamos.

Salió él primero y María detrás y una vez fuera, Manu miró en todas las direcciones.

–Aquí no hay nadie –dijo después.

–¡Mira! –gritó María señalando hacia la derecha, donde alguien corría alejándose de allí.

–¡En marcha! –ordenó Manu a los agentes– Espera aquí María!

Segundos después desaparecieron por un callejón detrás de aquella persona y María, agotada física y moralmente, se sentó en un banco delante del portal. No habían pasado 2 minutos cuando alguien tocó su hombro. Ella se giró.

–No mires –dijo una mujer girando su cara hacia delante– Te estoy apuntando así que haz lo que te diga y saldrás bien de esto.

María miró de nuevo hacia la carretera y temblando, esperó más órdenes.

–Te vas a levantar y caminar hacia la izquierda. Yo iré detrás. Recibirás órdenes por el camino.

María dudó y enseguida sintió como algo se clavaba en su espalda.

–¡Levántate ya! –gritó la mujer.

Ella obedeció y empezó a caminar hacia donde le había dicho.

–En el cruce tuerce a la izquierda –le ordenó la mujer.

María sintió el impulso de girarse, pero de nuevo un nuevo golpe en su espalda.

–Si miras será lo último que hagas.

María siguió caminando y el cruce torció hacia la izquierda.

–Coge la siguiente calle a la derecha.

Ella obedeció.

–Tú sigue caminando que yo te voy a proponer un plan y después desaparezco.

Enfilaron un callejón estrecho y María sintió una punzada de miedo en su pecho.

–¿Qué quieres de mí? –sollozó.

–Lo que tú quieras darme –contestó la mujer con voz amenazante.

FINAL 1- Deja a Manu. Dile que no quieres estar con él.

FINAL 2- Vuelve con Manel. Llámalo y dile que quieres verlo. Después conquístalo.

FINAL 1

Después golpeó su cabeza y desapareció. María sintió que se mareaba y buscó un lugar para apoyarse. Acabó yendo al portal de un edificio donde estaban 3 chicos fumando.

–¿Y tú quién eres? –preguntó uno de ellos.

–¡Anda qué ésta sí que está fumada! –rio otro.

–Me mareo –susurró María.

–Eso te pasa por tomar pastillas de cualquiera. Si compraras de las nuestras no estarías así.

María se apoyó en la puerta y cerró los ojos.

–Joer! Pues sí que está colgada la pava! –exclamó uno de ellos.

–¡Qué pasa! –exclamó una mujer de raza negra y bastante entrada en kilos que se acercó al portal– ¡Qué ya os dije que no os quiero aquí! ¡Fuera!

Los chavales escaparon corriendo y la mujer miró a María.

–A ti no he visto nunca por aquí, pero te digo lo mismo: Fuera!

María levantó su cabeza e hizo un esfuerzo sublime para hablar.

–No estaba con ellos… Me han golpeado la cabeza.

–¡Eso lo dicen todos los drogados! Pensarlo antes de esnifar!

–Ya me voy –dijo María antes de levantarse, pero sus piernas fallaron y volvió a su posición inicial.

–¡Cómo estás hija! Voy a llamar a la policía y ellos sabrán que hacer.

La señora cogió su móvil e hizo una llamada. Enseguida se presentó allí una patrulla de la Guardia Civil.

–Otra drogada para cuartelillo –comentó uno de los agentes.

–No… –comentó María cuando sintió que la agarraban y la metían en el furgón.

–¡Calla! –ordenó uno de ellos.

La empujaron a la parte de atrás del furgón y sintió de nuevo que se mareaba. Cerró los ojos y los abrió de nuevo cuando notó un golpe en un hombro.

–Levanta que llegamos! –oyó gritar.

María se levantó y enseguida sintió unos brazos tirando de ella.

–Está bastante buena –oyó decir.

–Podemos llevárnosla a casa y después traerla –comentó uno de ellos riendo.

–No digas tonterías, anda; para la celda.

María movió su cabeza y reaccionó:

–¿Por qué me traéis aquí?

–Fíjate que sabe hablar –rio uno de ellos.

–Voy a hacer una llamada! –exclamó ella.

–Quietecita… Eso después.

Los agentes la agarraron y la condujeron al interior del cuartel. La empujaron sobre un sillón y uno se acercó a ella.

–Nombre y apellidos.

–Quiero hacer una llamada!

–¡Antes contesta!

María cogió aire, respondió y buscó su móvil.

FINAL 1- Le sacaron el móvil y agarraron su cara.

FINAL 2– Llamó a Manu y comunicaba.

FINAL 2

–¡Dios! –exclamó María.

–¿Qué pasa? –preguntó un poli.

–Que no sé que hago aquí.

–Díselo al juez. ¡Vamos!

María movió su cabeza y lo siguió por un pasillo.

–¡Entra! Ya sabes a que tienes derecho, verdad?

Ella asintió con su cabeza, el agente la empujó y después cerró la celda. María sintió que se ahogaba al verse encerrada. Su claustrofobia no la perdonaba en ninguna situación y pensó en lo que le decía su madre siempre: Respira…

–¡Bienvenida! –oyó decir de repente a una mujer.

María se volteó y descubrió allí sentada a Manuela. Primero se quedó paralizada pero después se atrevió a hablar.

–¡Manuela! ¿Qué haces aquí?

–Nada –rio ella– No tenía algo mejor que hacer así que decidí prostituirme con un poli.

María la miró y movió su cabeza.

–¿Eres prostituta?

–Ja ja ja… Solo de vez en cuando. ¿Cómo crees que conocí a Manu?

–¿En la calle?

Manuela volvió a reírse.

–No. ¡En la esquina de un viejo barrio!

Y de nuevo María se sintió mareada y se acercó a uno de los dos bancos que había allí.

–¡Y tú por qué estás! –gritó Manuela poniendo acento colombiano.

–No lo sé… Se han equivocado conmigo.

–¡Eso lo decimos todas! –rio Manuela antes de acercarse a ella y pasar una mano por su cuello –Tienes un cuello espectacular…

Entonces María recordó los dientes de Drácula que aparecían en su boca continuamente y se separó de ella.

–Perdona, tengo que llamar.

–Pues llama; yo no tengo prisa– sonrió Manuela.

María se levantó y se acercó a una esquina.

–¿Y para que te levantas si te voy a oír igual?

Ella no respondió y marcó el número de Manu.

–¡Manu! Estoy en comisaría!

–¿Es Manu o Manel? –preguntó Manuela.

María le ordenó silencio con su mano.

–No sé. Me han traído por error.

Manuela se acercó por detrás y acarició de nuevo su cuello.

–¡Quieta! –gritó María– No! No es a ti. Es a Manuela que está aquí conmigo en una celda. Ven pronto por favor!

–Que me saque a mí también, eh?

María colgó y volvió al banco.

–Podemos hacer mucho hasta que salgamos…

–Manuela, por favor!

–Eres guapa…

María se levantó y Manuela la agarró.

FINAL 1- Enseñó sus dientes de draculina y los acercó a su cuello.

FINAL 2- Que te voy a contar yo quien es Manu.

FINAL 1

María la empujó y Manuela cayó contra un banco golpeándose la cabeza. Se llevó una mano a ella y después la miró. Había sangre en sus dedos.

–Me has hecho sangrar… –dijo con voz lúgubre levantando la mirada.

María apoyó su espalda contra los barrotes de la celda y creyó morirse al verle poner los ojos en blanco.

–¡Socorro! –gritó.

Manuela se chupó los dedos y sonrió.

–¿Qué pasa ahí? –preguntó un agente.

–Ven por favor –sollozó María.

Y en décimas de segundo Manuela se acercó por detrás, acarició su cuello y regresó al banco. Un escalofrío recorrió el cuerpo de María y apretó con fuerza las barras de la puerta para no caerse.

–Que pasa… –preguntó el agente desde el otro lado de la puerta.

–Sáqueme de aquí, por favor –rogó María.

–¿Y para eso me llamas?

–Abra la puerta por favor, que esta mujer no es normal –lloriqueó ella.

–Eso ninguno de los que pasáis por aquí y por eso está encerrada –respondió haciendo el amago de irse.

–Pero es que es una Drácula! –chilló María sacando sus brazos a través de los barrotes.

–¿Qué es qué? ¿Drácula?

–Sí… –lloró María.

–Claro que te voy a sacar pero para la ducha! ¿Qué coño te has metido?

El agente abrió la puerta y agarró a María por un brazo.

–Y tú quietecita que tienes más historia que ésta –avisó a Manuela antes de cerrar la celda.

Manuela asintió con su cabeza y sonrió.

–¡A la ducha a bajar el colocón! –ordenó a María empujándola por el pasillo.

–Créame por favor… –lloró ella– Que lo acabo de ver

Y en ese momento entró Manu por la puerta de comisaría.

–¡Manu! –gritó María al verlo.

–¿Pero qué pasa aquí? –preguntó él corriendo hacia ella– ¿A dónde te la llevas?

El agente la soltó y se puso firme.

–Está colocada, señor! –exclamó mirando hacia el frente.

Manu la abrazó.

–¿Qué pasa María?

–Manu! Estaba en la celda con Manuela y era Drácula!

–¿Otra vez con sus dientes?

–Sí, pero también pone sus ojos en blanco, se mueve a la velocidad de la luz…

–¡Está colocada señor! –repitió el poli.

–Pues que me lo enseñe a mí. ¡Vamos! –ordenó Manu al agente caminando hacia la celda.

Y al llegar:

FINAL 1- Allí no había nadie.

FINAL 2- Manuela lloraba.

 

 

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Rakel G.AlonsoCarlosMónicaMercedes Recent comment authors
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Mercedes
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Mercedes

En este relato, yo escogí final 1…más tipo CSI…me gusta el estilo criminalístico

Mercedes
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Mercedes

SEguimos con el final 2….lo importante es hacer de las pesquisas un hecho relevante

Mónica
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Mónica
Carlos
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Carlos

Seguiré acercándome sin hacer mucho ruido..es muy interesante lo que escribes y te felicito por ello..Muchas felicidades!